“¿Te gusta?”, preguntó ella. “No, más bien me fascina, me encanta”, respondió él. “¿Si? Tú me encantas, alucina” dijo ella. “Me retuerce el estómago como el cursi dicho que tengo mariposas en la barriga. Ah, tú también me fascinas”, le contestó él. “Contigo es estar como en el cielo, alucina”, le volvió a decir ella. “Y yo creo que contigo San Pedro puede abrirme fácilmente las puertas del cielo. Además, Dios puede perdonarme todos mis pecados y hacerme sentar a su derecha tan solo diciendo tu bendito nombre”, respondió él.
El amor que había muerto entre los dos cerca de tres años, parecía volver haber florecido de nuevo. La adrenalina amorosa volvía al lugar de los hechos. Él era una copia o ridiculez de escritor y ella una chica que no tenía buena suerte con el amor. Él era una de esas personas que cuando le gustaba una chica se volvía idiota hasta llegar al punto de no hablarles; en cambio, ella solía dar todo por amor, pero los chicos con que ella había estado, parecía no haberla correspondido. Todo volvió a nacer un frio día de octubre, el ambiente perfecto para escribir y para poder mandarse directas de amor.
“Aww, pero que amor eres, amor. Te amo, te amo, te amo, te amo…” le dijo ella. A lo que él le respondió: “Y tú, ¿Qué creación eres? Dulzura. Yo te adoro, pequeña.” Ella le contestó: “Oye, te he extrañado demasiado, no sabes cuanto.” Parecía que el tiempo los volvería a juntar, la pasión de ambos volvía a florecer. No había nada que los detenga hasta ese momento. “Yo también te recontra extraño, amor. Es como decir que tú estas en la Tierra y yo en Marte. Pareciera que estamos alejados de años luz. Eres mi Edén” – decía él. A lo que ella le respondía: “Qué hermoso que eres.”
Los minutos transcurrían alrededor de ellos, por que para los dos, el tiempo se había detenido. Si hubieran estado cara a cara, estas palabras se hubieran ido al diablo y hubieran sido reemplazados por un beso muy largo. Él se sentía otra persona, no era el mismo que unas horas antes había sido. Sus pulsaciones aumentaban, su amor también, sus sentidos se volvían uno y tenían como significado la palabra amor. Ella sentía lo mismo, no paraba de pasar por su mente la palabra “Amor”, aquella palabra que le había hecho pasar lindos momentos como, también, desagradables recuerdos. Estaban en distintos lugares pero unidos por el sentimiento desmesurado que es el Amor.
“Tú, ¿Qué reina eres? Creo que eres Cenicienta, princesa” –decía él. “Y tú, mi príncipe que se roba mi zapatito de cristal”, respondía ella. “¿Sabes por qué me lo robo?”, le preguntó él. “¿Por qué?”, preguntó ella. “Lo robo porque quiero verte y lo haría infinidad de veces” -le dijo él. Ella, atrapada por el antiguo sentimiento que había renacido, le respondió: “Aww, es lo más hermoso que alguien me ha dicho. Enserio, es lo más hermoso. Te amo.”
Luego de unos minutos, ella le dijo: “Necesito verte.” A lo que él le respondió con esta frase: “Y yo necesito sentirte.” “No sabes como me haces sentir cuando estoy a tu lado, amor” –le dijo ella. “Pues es un misterio que todos no saben a excepción de mi persona. Nadie de los demás sabe resolverlo. Sólo yo puedo aclarecer eso” –le respondió él. “Entonces, ¿por qué desperdiciamos tres años?” –ella le preguntó. “No lo sé. Eso lo sabe el de arriba, pregúntale a él. Tal vez quiso que a más lejanía haya más amor”, él le contestó. Luego de eso, él ya no respondió, a pesar de que ella seguía escribiendo. ¿Se habrá quedado dormido?, pensó ella. Le llamó a su móvil pero estaba apagado tan apagado como el fuego que encendía la pasión de su corazón. Ella trató de todas las maneras de volver a verlo pero ninguna estrategia funcionó.
Un día después, ella fue a la casa de él y se dio con la sorpresa de que él había desaparecido. Ella lo odió por el resto de su vida. No se sabe que es lo que ocurrió. Nunca apareció. Nunca se supo nada de él, ni su propia madre sabía. Algunos insinúan que aun se aman. Otros piensan lo contrario. Un anciano afirmó que lo vio tomar un vuelo para Italia donde ahora pertenece a uno de los altos cargos del Clero, cosa que aún no está corroborada. Simplemente los únicos que saben esa verdad es él y ella. Y hasta donde sé, es que él tiene una tarjeta de amor de ella que aun se niega a destruir. Un lindo recuerdo de una maravillosa persona que él una vez quiso.