Ella fue como un imán para mis ojos que poco a poco fue penetrando en mi memoria y en mi corazón. Corazón que hasta ahora no olvida el día en que la conocí; en que con estos ojos pardos observaba cada paso que ella daba, cada mirada que daba a su alrededor, cada movimiento de labios que daba y cada alerta que su nextel daba.
Puedo recordar perfectamente el lugar, la hora, las personas, la música y muchas cosas más, pero lamentablemente no olvido lo que quise que sucediera. Es así, a veces perdemos y otras veces ganamos. O, simplemente, perdemos la oportunidad que se nos presenta en el camino. Pero si tengo una última oportunidad no la desperdiciaré; venceré mis temores y daré el gran salto, seré la persona que nadie conoce hasta ahora. El que está atrapado por una persona de sentimientos fríos.
Podré escalar montañas, caminar por desiertos para verte si quiera una vez más y poder hacer un pacto que acabe con este dolor; dolor que crece cada día más y más.

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