lunes, 23 de febrero de 2009

Me encuentro en una jungla (parte 2)

Es 14 de febrero, supuestamente el día de la amistad, el día del amor, día donde las relaciones serias y las trampas se encuentran, día donde no basta una declaración de amor, donde no hay hombre que le declare un lindo poema a su enamorada, novia o esposa, día para demostrar el verdadero amor que se le tiene a otra persona, donde si estas solo pasarla con tus amigos, y donde no falta una chupeta mortal, donde la infidelidad abunda y no queda una que otra trampa que no haga de las suyas, donde el hombre demuestre si soporta s con su (o sus) trampas al igual que la mujer, etcétera. El despertador suena y lo que me lleva a que tengo que asistir a mis clases de natación, alisto mis cosas, ignoro el desayuno que me preparó mi tía con tanto cariño, escucho desde el fondo de la sala una canción de Guns N’ Roses, lo que me lleva a sentirme en mi verdadera casa, cojo un pan y empiezo a devorármelo mientras que me dirijo a la puerta para asistir a mí ejercicio interdiario. Después de 15 minutos de caminata, por fin llego al lugar donde voy a nadar, entonces muestro mi carnet y me someto a una serie de torturas por parte del profesor y su asistente que según ellos lograré ganar el lunes en los preliminares, pero creo que no estaré en condiciones de satisfacerlos y lograr un triunfo que me lleve a ser respetado ante los demás alumnos. El día no es tan soleado para mi gusto, más bien es un mal día, porque no haré nada más que leer los libros que se encuentra en el bolso y escribir poemas melancólicos. Ya no soporto el martirio de estar nadando, lo que lleva a que mi cuerpo realice más esfuerzo que desde luego sabré que llegaré a casa, me lanzaré contra la cama y dormiré como un recién nacido, pero también presiento que moriré de una gripe mortal peor que la gripe aviar (aunque esa le dé a los pollos). Pido súplica al maestro que desde luego me concede y me retiro a la casa de mi tía donde me espera el almuerzo y a seguir celebrando aquel 14 de febrero que por más que haya gente a mí alrededor me siento solo, abandonado, desamparado, vacio y muchos sinónimos más. Es entonces que llego a la casa y trato de no recordarme que no hay nadie a mi alrededor que el día lo compartiré con mis amigos pero creo que ni yo mismo siento ganas de pasarlo con ellos, aunque estén lejos igual tendré que presentir que no los tengo.
Son las dieciocho horas, aun sigo en mi cama, el ordenador reproduce “Slither” de Velvet Revolver y precisamente en el solo de Slash que me relaja de todo lo que tengo en mente para celebrar un día que debe pasar muy rápido o que no debe de existir. Trato de pensar en los Red Bull´s que bebería si es que no me hubiera gastado días antes el dinero que me entrego mi abuela. Es extraño en mí ver demasiada televisión pues una de mis opciones de pasar este día (que pasa muy lento) es estar impregnado en la tele como un botón en una camiseta. No tengo ganas de leer por el momento se que me arruinará las ideas que se me han ocurrido para escribir textos futuros. Entonces cojo el teléfono móvil, marco el número de un amigo que no charlaba con él hace tiempo y le pregunto qué planes tendrá para más tarde y me responde con una respuesta grotesca que dice así: “No sé brother pero tengo acá dos putas, ven a mi casa. Ahora”, es entonces que le digo: “Nicagando causa, me conoces muy bien y no me gusta ese tipo de cosas”, le cuelgo y me digo: “No Carlos, no fue una buena idea llamar a ese “patin”, mejor anda a una droguería y compra un Diasepan para que descanses”, entonces me levanto y le pido a mi tío la dirección de una farmacia que esté más cerca a la casa, lo que es imposible, la botica más cerca está a 3 cuadras lo que es muy lejos para mí, ya que soy un perezoso. Doy vuelta atrás y vuelvo a la habitación y espero que sea hora de la cena, que aproximadamente será a las 21 horas, lo que me queda es descansar.

Me pasé de la hora, pero aún queda comida, pero no tengo ganas de comer más que una manzana. Me lanzo contra el mueble acolchado que se ubica en una esquina de la sala y empiezo a ver televisión, derrepente aparece mi prima con una amiga que es un poco más alta que ella, de tés blanca, ojos marrones y de labios bien pronunciados, me pregunta que si quiero ir con ellas y dos amigas más a Drama donde se presentará un grupo que se hace llamar Kema, del cual nunca he escuchado una canción, ni me interesa escuchar, le respondo que encantado voy, pero si me ponen la entrada, lo que me responden en coro: ¿Qué más Darling? ¿Quieres que te escojamos tu vestuario? J-O-D-E-T-E -con voz enérgica-, dan una carcajada y se retiran a su habitación (de mi prima). Es así que las dos me provocan a tener una idea de pedirle dinero a mi tía para ir con ellas y sus demás amigas a divertirme, lo que no se puede cumplir y se da por fracasado mi plan, finalmente, decido ver televisión toda la noche, contemplarla hasta que mis ojos se tiñan de rojo y no puedan resistir más la pantalla, hasta que suena mi móvil, es mi madre, para que estará llamándome, le digo a mi tía “no tengo la menor idea” contesta ella, entonces respondo y mi madre me ordena a que tengo que salir rumbo a Chosica, donde primero me encontraré en el Ovalo de Santa Anita con mi primo Santiago, luego nos dirigimos a la casa y por último a Chosica, a una cena familiar. Pienso que por fin me divertiré, pero no es así, me espera algo peor, chistoso y grotesco, subo a la habitación, me ducho y me cambio. Es hora de partir, me digo, mientras me observo al espejo y doy una sonrisa, alisto una mochila con mis cosas, me despido de mis tíos, mi prima y su amiga y me enrumbo en dirección a Chosica. El viaje de regreso es pesado, demora como dos horas, pero gracias a Dios me sumerge en un agradable sueño. Llego al Ovalo, me encuentro con Santiago y vuelvo a partir junto a él a Chaclacayo para luego ir a Chosica. Durante el recorrido conversamos de nuestras cosas, de lo que nos ha sucedido tanto como a él y a mí por un aproximado de 45 minutos. Al llegar a casa, dejamos nuestras cosas y partimos en dirección a Chosica. Arribando a ese distrito prefiero bajar unas cuadras antes para observar quienes se encuentran en los alrededores y tal vez me acuerde de una aventura cornuda e infame (algunos ya suponen a que me refiero con cornuda) y me hace recordar ahora y poder citar a Renato Cisneros en uno de sus post de su blog (Busco Novia) que tanto me agrada leer y que al leer este post recordé que una de estas intuiciones pasaron por mi cabeza y eran real y dice así:

(…)

“–Intuyes que tu novia te saca la vuelta cuando la comunicación entre ustedes empieza a fallar. Y no me refiero a que de pronto conversan menos o casi ni hablan, no, me refiero más bien a cuando las comunicaciones, tan eficaces al inicio de la relación, de repente comienzan a presentar sospechosas fallas técnicas, desarreglos que antes no se registraban.
Pensemos, por ejemplo, en el celular de tu chica. Nunca antes se había descargado, el saldo siempre fue ilimitado, el chip nunca se oxidó. Ahora –oh, casualidad– resulta que se estropea a cada rato; que la empresa le cancela el servicio de buenas a primeras; que el sistema se cambió a pre pago automáticamente.
“Amor, te estuve llamando toda la tarde, nunca me contestaste, qué pasó”, le recriminas con suavidad. “Ay, no sé, es este teléfono de porquería, no sé qué le pasa. Se prende y se apaga, se prende y se apaga. De repente se queda muerto”, explica ella, zamarra, vivaracha, astuta. Lo que no te dice, claro, es que lo apagó o –más considerada– lo puso en silencio (y vibrador) para que no interfirieras mientras ella conversaba animadamente e intercambiaba lengüetazos con el tarado con el que te viene adornando desde hace semanas. “
(…)

Me siento identificado y augusto por una parte con ese tema y también con este:

(…)

“–Dudas de la fidelidad de tu enamorada cada vez que se para de la mesa, en pleno almuerzo, al oír el timbre de su teléfono portátil. Suena el aparato (para colmo, con el ringtone de la canción “Si pudiera ser tu Héroe”, de Enrique Iglesias) y ella inmediatamente se levanta, le baja el volumen al celular y se retira a la cocina, mientras tú te quedas como un pelotudo en compañía de sus papás y su hermano menor.
No abres la boca, pones toda tu concentración en oír la conversación telefónica, pero no puedes, porque de pronto el papá te pregunta “¿Y cómo van las cosas en el trabajo, hijo”? Obvio que a ti solo te provoca responderle “qué coño me importa el trabajo ahorita, viejo pelado, no ves que tu hija me está humillando. Deberías preocuparte por tu trabajo más bien, porque he escuchado que te van a jubilar antes de tiempo, por flojonazo”. Sin embargo, no pierdes la calma y educadamente dices: “todo camina bien, señor, gracias”. Vuelves a intentar oír los murmullos de tu novia, a ver si alguno te revela cierta información útil, algo que te permita aplacar tus dudas que tormentosas crecen. Aguzas el oído y escuchas que se ríe, y lo peor es que lo hace con esa risita de niña coqueta que hace tiempo no le escuchabas. A lo lejos sientes que está a punto de decirle a su interlocutor algo determinante, algo clave, y entonces, como si el destino estuviera en contra tuya, la mamá interviene en la mesa para malograrte el espionaje. “¿Está rico el sancochado? ¿Qué tal me quedó? Lo preparé yo solita”.
Mentalmente mandas a tu suegra por un tubo y reprimes el comentario que por poco se te sale de la garganta: “bruja del diablo, justo estaba a punto de escuchar algo decisivo, y tú me sales con el sancochado. ¿Cómo va a estar pues? ¡Horrible, como todo lo que cocinas! Nunca he probado un sancochado más feo, desabrido y vomitivo que este. Deberían denunciarte por envenenamiento”. Claro que no dices eso. Te aguantas, improvisas una media sonrisa y a continuación respondes: “mmm, está riquísimo, señora, ni mi mamá lo hace tan rico”.
Finalmente, cuando oyes que tu chica está diciéndole a su supuesto amante: “mostro, nos vemos mañana en…”, justo ahí, el hermanito de 12 años fastidia preguntándote: “¿Oye, has visto la última película de Brad Pitt, esa de la vejez prematura?”
Lo miras con ojos de criminal y en silencio le dedicas una maldición: “¡cállate, engendro! ¡Vejez prematura debes tener tú! Anda a jalarte la tripa en vez de estar preguntando sonseras”.
Luego, para no levantar sospechas, absuelves la duda del niño con un comentario de lo más fresa: “No, no podido verla todavía, pero fijo que se lleva todos los Óscar”.”
(…)

Aquellos párrafos citados me recuerdan mucho a lo que pasé anteriormente, en mi faceta de “venado”, aunque no les creía a mis amigos o mejor dicho los ignoraba no me percataba que tenían la razón y verdaderamente me volvían en un reno de Santa Claus. A veces los amigos tienen razón y uno se deja llevar por la pareja que te enreda en sus ramas y no te suelta, porque simplemente te controla mentalmente como también físicamente, y es bien extraño no percibirlo, como algunos dicen “el amor te vuelve idiota” y te vuelve bien pero bien idiota y por esa idiotez pagas muy caro. Hay gente que cuando se encuentran enamorados dan todo de sí, su cien por ciento si se podría decir y otros que no lo demuestran hasta estar bien seguros que la otra persona sienta lo mismo por él o ella. En mi caso, creo que siempre doy todo de mí, y eso me termina hundiendo, porque me hace daño, mucho daño, pero lo bueno que puedo sacar de ese hoyo al que caigo es que me vuelve en un loco escritor, que pide a gritos escribir y escribir, porque me hace fantasear más, vivir en el Edén imaginándome a ella y a mí, pero luego todo colapsa y esa utopía muere, se destruye, se desmorona a pedazos y vuelvo a la realidad y me doy cuenta que soy un cojudo, que todo esto es una alucinación mía y todo se va a la misma mierda, porque solo la puedo encontrar en mis sueños, en mis fantasías, en la alevosía que me juega mi propia mente convirtiéndome en su propio esclavo. Sé que en este momento está lloviendo, me encanta la lluvia, me encanta entregarme a ella, porque me apasiona, me enardece compartir ese momento entre humano-lluvia, me encantaría salir, correr sin rumbo donde lo que haga no sea más que correr y correr porque nunca me cansaré de escapar de alguien. Pero en fin, no hay marcha atrás, lo hecho, hecho está y uno no puede retroceder el tiempo, no puede retroceder al pasado para borrar aquel mal recuerdo que siempre estará presente en alguna broma o en una charla entre patas, mientras te mandas un cajón de cerveza Brahma, al igual que el amor, el amor nunca se olvida, se queda clavado en el corazón como un clavo en una madera deja su huella que por más que lo lijes o tapes el hueco que dejo al ser incrustado dejó huella, una huella imborrable. Como también los catorces de febrero son una fecha especial y muy importante para todos los que comparten sentimientos con su pareja, un sentimiento mutuo, donde sin decir una sola palabra y con solo una mirada se dicen más que mil palabras o también reemplazan un “te quiero” o un “te amo”.

Llegue a Chosica y me dirijo al restaurant (tiene un estilo rústico, me agrada su ambiente), pido el plato especial y luego paso a retirarme donde mi madre me da 100 soles y me dice que me vaya donde se me pegue la regalada gana, pero a donde huir, este San Valentín ya fracasó para mí. Entonces elijo dar unas vueltas al parque Central de Chosica que tiene una pileta que tiene unos colores vernaculares que más bien parece un elogio a la música chica; mientras me doy unas cuantas vueltas pensaré en que será mi vida o es hoy en día, soy un tipo tímido, que por fuera demuestra ser fuerte, pero no lo es, porque es un pobre y triste cabrón. Es entonces que escojo una alternativa, el trago, este me hará pasar la melancolía que llevo en la mente y más en el corazón, entonces me dirijo a una licorería a comprar trago y cuando me encuentro en aquella taberna todos empiezan a reírse de mí, algunos degenerados piensan que soy una mujer por el cabello largo y el jean que uso y también el polo, pero no le tomo atención, en mi mente digo “pobres idiotas, no saben lo que hacen” y sonrio. Es así que ahora me encuentro en un bar apunto de comprar un vodka y un ron con una coca cola pero me arrepiento, estoy haciendo deporte y no quiero embriagarme y quedar mal, entonces elijo comprar seis Coca Colas e ir a mi casa, estar en mi habitación y hacer lo que me gusta.

Logro adquirir las Coca Colas, tomar un carro e ir a mi casa. Al llegar a mi hogar no hay nadie para que pueda abrirme la puerta, así que elijo treparme y lanzarme a la otra parte de la casa para poder ingresar a mi morada, logro mi objetivo, enciendo el ordenador y vuelvo al mundo en el que siempre paro, escribir para hacerme conocer como un nuevo novelista, un nuevo literato y es así que fue mi día de San Valentín, un día donde no me dominó la alegría, todo fue dark, melancólico, frustrante y triste, donde no me salieron tantas risas, donde mi corazón se volvió más duro de lo que estaba y creo que durante el paso del tiempo, de los años y las décadas que me queden de vida siempre los catorces de febrero y los viernes trece serán unos días apocalípticos y terroríficos. Aquellos catorce de febrero quedarán en mi mente porque seguiré escribiendo acerca de ellos por el paso del tiempo que aún me queda de vida, porque creo que el amor me revuelca como las olas del mar y siempre me tendrá un juego y una experiencia nueva en toda mi vida.

Tan solo pasan diecinueves catorces de febrero para tener experiencia suficiente.
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Espero que les haya sido de su agrado la primera y segunda parte de esta historia.

jueves, 19 de febrero de 2009

Me encuentro en una jungla (parte 1)

Este no es el día, un viernes 13 nunca será el mejor. La lluvia, el aire gélido y violento, el cielo oscuro y apagado, como si nunca salió el sol, las aves que no cantan ni pasan por el techo de mi casa, las hojas llenas de agua, que al pararme al frente del árbol no hace más que jugar carnavales conmigo. Son las doce del día y recién me levanto, estas vacaciones me han vuelto más vago de lo que solía ser, pues más tarde tengo que volver a Lince, donde me espera mi tía con su deliciosa comida, con mi tío y sus dos hijos, espero que no sea un día melancólico como parece ser.


Me levanto de mi cama, veo a la ventana y aún sigue lloviendo, el cielo acompaña mi dolor, creo yo. Dejo a un lado aquellos sueños que tuve la noche anterior, sueños en el que mi vida corría peligro, sueños con mujeres, sueños con muertos, con gente que llegué a conocer, más no poder charlar una vez. No me agrada este día, suele ser muy melancólico, es mejor ir a ducharme, refrescarme con el agua fría y luego cambiarme, tomar un carro, que me llevará a mi destino. Pienso en aquella rutina tan abrumadora que me toma 15 minutos, es entonces que me levanto de la cama, me veo al espejo y siento que me he enflaquecido un poco más (supongo que estaré en 52 kilogramos) lo que no me lleva a preocuparme, ya que mi peso normal suele estar por ahí; también observo que mi cabello ha aumentado su volumen y peor aún que recién me he levantado se asemeja a un afro-lacio, es entonces que me digo: aún no es hora de cortármelo, pero realmente me jode un poco, pero no me quejo. Paso del espejo a la ducha, frente a ella empiezo a quitarme la pijama que llevo hasta estar completamente desnudo, pero no me gusta, porque veo mis huesos que me hacen soltar una carcajada, al terminar de desvestirme me sumerjo a un refrescante baño (no lo disfruto al máximo porque me encuentro enfermo). Es así que termino de bañarme y paso a secarme y después elegir las prendas que me pondré y juntamente colocar las demás trajes en un maletín para llevarlos a mi destino, entonces acabo todo ese esfuerzo que tengo que realizar, salgo de mi hogar y me dirijo a la carretera a tomar un carro.


Subo al vehículo, está lleno, entonces debo de ir parado, es contranatura, me digo a mi mismo y reniego, entonces mientras que me encuentro parado empiezo a tener sueño, sueño de un vagabundo, es entonces que un señor, de 40 años aproximado me da asiento, le agradezco el buen gesto que tuvo hacia mí y paso a sentarme, enciendo el reproductor musical (mp4) y me dirijo relajado a mi destino. El viaje a la casa de mi tía me agobia, no puedo hacer nada para llegar mucho más rápido a aquel lugar que tanto demoro en llegar, el chofer no hace más que correr y poner cumbia para que según él las personas tengan un relajado viaje; en cambio, yo pienso en cuál será mi siguiente historia, pienso primero en un tema central pero no estoy seguro si escribirlo o no, se que estaré así durante todo el trayecto. Luego de 2 horas puedo bajar de la combi y dirigirme a la casa de mi tía, donde me espera más un cuarto adornado de varias cosas que me hacen recodar un poco a mi lejana infancia, que sé que nunca más volverá, porque se fugo tan rápido como la velocidad de la luz. Llego a la casa de mi tía, ella toda contenta me recibe, es una persona muy amable, nunca me trató mal, no puedo quejarme, pero la casa es fría, tan fría como suelo tratar ser yo para poder sentirme fuerte y no demostrar debilidad ante los demás, son las 5 de la tarde, supongo que dentro de una hora tendré que cenar, entonces voy a mi habitación, enciendo el ordenador, busco música, hago que se empiece a reproducir y me tiro contra mi cama y digo: que día de puta madre que tengo, que día. No aguanto el cansancio y mi tía toda amable me lleva mi cena a mi habitación, le agradezco y se pone a charlar conmigo un buen rato acerca de cómo me va, como me está yendo en la universidad, si jale un curso o jale todos, yo le contesto de buena y elegante manera que puedo hacerme pasar como un ángel, que ni yo mismo me imagino ser, ni serlo algún día. Pasado tres horas de dialogo mutuo, de consejos de una persona adulta a un adolecente que se pierde en una mente bizarra. Entonces siento que tengo que ducharme para luego ir a dormir. Hago todos esos deberes y cuando me encuentro en mi cama digo: Mañana no tengo planes entonces tendré que pensar en algún plan.

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Aviso parroquial: El post colgado tiene una continuacion que será publicada dentro de unas horas, hasta que el zángano del autor logre terminar la segunda parte que promete hacer reir a sus lectores. Se espera que este futuro vago literato sea puteado por no colgar y aun no culminar con la segunda parte de su aventura de fin de semana; aparte ha sufrido un golpe en la canilla lo cual lo lleva a demorarse más, pero aún así ya acudirá donde un galeno para que este le de el check respectivo para que aún siga caminando y sonseando por la calle. A pesar de que haragán de Carlos Alvarez no suele seguir tan a pie las recomendaciones de sus amigos para que deje de escribir todos los poemas que tiene en su ordenador está pensando en hacer un libro, ya que a su corta edad literaria algunos escritores no se sentirían en confianza de novelar. Aparte de todo esto, el pequeño literato está tratando de corregir su caligrafía, porque piensa que tanto es la escritura en el ordenador que es pésimo en escribir en un papel como algunos le piden o le proponen que lo haga. Fraternalmente Juanjo Ladines. Lima, 19 de febrero de 2009]

miércoles, 11 de febrero de 2009

Poemas de mierda...

No me gusta escribir,
Me gusta desfogar ideas que surcan mi mente,
Que son parte de mi cuerpo.
Suena algo estúpido e irrelevante,
Porque entonces
¿Para qué escribo?
¿Para qué mierda escribo?

Muchos dirán,
Este pobre webon escribe a una chica.
Pues no, el pobre webon eres tú.

Me da risa lo que dicen los demás.
Al decir que mis poemas son poéticos.
Pues no, son una mierda.

Una mierda que como yo muchos escriben
A algunos les salen bien y a otros mal.
En mi caso me sale mal.

Otros llegan a ser famosos e inmortales
Como Neruda y su poema número 20,
Que sin duda no falla para cortejar a una fémina.

Pero aunque los poemas de Neruda sean directos y acierten
Es mejor escribir uno mismo.
Aunque te salga atroz,
No te rindas y verás que saldrá uno magnifico.
Y sin duda alguna si sabes improvisar,
Mejor aún.

Pero igual,
Para mí los poemas son una mierda.
Porque son una máscara encima del rostro.
Una sábana encima del cuerpo.
Siempre ocultamos lo peor de nosotros,
Más nuestros defectos y mostramos lo mejor.

Prácticamente, los poemas
No sirven, se esfuman cuando nos conocen tal y cual somos.
Y los míos son los peores, no cabe duda.

martes, 10 de febrero de 2009

No aguanto más

¡No aguanto más! He llegado de una fiesta que a la final creo que no debí estar, fui un fracaso, si, un fracaso andante o un cobarde manipulador. Recién me doy cuenta de lo que soy, pues ahora la gripa me mata, se apodera de mi cuerpo. ¿Será un castigo? ¿Un hechizo? I don’t know.

Cada estornudo es una tortura para mi roja nariz, que se vuelve roja como la del reno de Santa Claus. También al estornudar mi cabeza pasa por un proceso de movimiento lo que fusionado con el dolor de cabeza hacen que mi mente se desvanezca y pierda la conciencia, aquella conciencia que intimida a mi yo profundo, el cual sabe perfectamente que lo que hice ayer no estuvo bien, que actué como un fracasado.

Creo que aquel soldadito de plomo que nunca existió, ese día decidió aparecer, pero este escuálido cuerpo no lo dejo salir y ocasiono un perfecto lazo entre el alcohol, los cigarros y la perdición que supuestamente había deseado aquella semana. Una vuelta a mi antiguo yo, a lo que años pasados ocurría en cada fiesta a la que asistía, ya sea solo o en compañía. El alcohol se mezclaba con la sangre, era parte de mi sangre, lo cual circulaba por todo mi 1.75 de estatura y a la vez me volvía una persona inocua contra toda situación. El cigarro mataba mis pulmones y los llenaba cada aspirada de cáncer. Mientras el alcohol y el cigarro eran una destrucción corporal, la perdición era algo que sin duda alguna podía dominar, era un sentimiento que me llevaría a poder escribir al día siguiente o días más tarde.

Como un día me dijo un gran amigo -que agradezco mucho su amistad- “Las oportunidades se pierden porque uno mismo las pierde, y si uno no piensa en lo que dice es peor y se jodió”. Creo que sus palabras son muy sinceras y a la vez muy alentadoras porque encajaba justo con lo que estaba pasando. Sabía que yo pasaba por un tornado de locura, una tempestad sentimental, esa es la palabra, “tempestad sentimental”. He hablado muchas cosas con él, en el poco tiempo que nos conocemos, creo que sin su gran ayuda ya hubiera perdido la cordura. O quizás me hubiera echado a llorar, como un niño del que ya no soy.

Días más tarde de aquella fiesta, me encontraba frecuentando un condominio, donde vive mi amigo del alma, Miguel, es entonces que empezó a llover y yo seguía recorriendo el camino que me llevaba a la casa de mi inseparable amigo, hasta que me encontré con un conocido del colegio que me invitó a su casa a charlar un momento con él, es así que cogí mi móvil, marqué el número de Miguel, le llamé y le dije que me demoraría 15 min en llegar a su domicilio. Tomé otro rumbo con mi compañero de colegio en plena lluvia hasta que llegamos a su hogar. Era una casa de 2 pisos, con buena vista a la calle. Me dijo que lo esperara, lo esperé, me vi los zapatos que estaban empapados de tantos charcos que había pisado, observé a mi alrededor y me encontraba parado, bajo la lluvia con un perro ladrándome, llamado Barrabas. Barrabas era la mascota de mi compañero de colegio, tenía 2 años de edad y era de raza pastor inglés, creo que nunca le caí a ese perro, lo que me llevo a pensar que nunca mantendría un lazo de amistad con aquel animal. Mi compañero me invito a pasar a su casa, charlamos que había sido de la vida de la gente de la promo y de que estaban estudiando, lo que me llevo a pedirle un vaso con agua para no aburrirme, me convido el vaso con agua y la conversación cada vez se ponía aburrida, es así que tuve que mentir para salir del aburrimiento y cumplir en ir a la casa de Miguel.

Miguel, sabe mucho de mí, sabe que me está pasando por la cabeza en este preciso momento, cuanto de furia me tengo hacia mí mismo, que tan cabrón soy para no enfrentar miedos que no tienen sentido, miedos que cualquier chico de mi edad puede vencer, cosa que yo no lo puedo hacer, porque me pongo negativo. Creo que este verano me ha tenido abrumado, negativo, aparte de ser muy pesimista. Él sabe que ahora añoro los agostos más que los eneros, aunque los agostos sean rápidos y aburridos. Él sabe que los amores de verano no son pasajeros e inolvidables, que siempre se queda el recuerdo, que el verano es la perfecta estación, donde las muchachitas abundan en cantidad, salen de sus casas a hechizar hombres y tenerlos locos. ¿Será por tanto sol? I don’t know. En cambio, los agostos son pasajeros, pasan muy rápido, no se pueden disfrutar y el frio hace que las chicas que solías ver en verano, ya no paran afuera, sino en sus moradas.

Llegue a la casa de Miguel y oh sorpresa estaba en su ordenador jugando y distrayéndose de tanto estudio.

Luego me retiré a casa donde me encontré con otro mejor amigo que me acompaño a mi hogar y charlar sobre algunas cosas, charlaba con él, y me comentaba que me veía idiota, mucho más que antes y le dije: Porque se metió en mi mente como un dengue. No recapitulo como se puso cuando mencioné eso, lo que me llevo a que me dé un lapo en la cabeza y me diga: eres un webon.

Él se retiró a su casa y yo me fui a mi habitación a echarme a descansar. A la mañana siguiente me puse al lado de la ventana y pronuncié un poema, que nunca lo había pensado, solo fluía de mi boca como una melodía: La ventana da tu reflejo. Los rayos de luz que emite el sol, traspasan como mis poemas que pueden o llegarán a tu corazón. De la nada me salió, lo había dicho en voz alta y firme, como en un recital, solo que en este recital no llevaba ropa, más que un bóxer. Pero yo sabía que mis poemas aunque sean lindos no lo son todo para conocer a alguien, sé que mis poemas llegan y no se van, porque quedan, aquella chica que leyó los poemas no olvidará, creo yo. Pero en cambio si se olvidará de mí. Como yo fui simplemente un triste webon y cabrón, que desafío la ley de la gravedad y perdió, perdió con ganas. Pero eso no quiere decir que perdió totalmente, aun creo que habrá oportunidad, ya como dice una de las muchas personas que conozco “podrás perder 1000 batallas pero no la guerra”, tiene razón, aunque estas batallas confirman que mi guerra está a punto de perder pero nada está dicho, aun hay una luz o una esperanza por ahí.

Mientras escribo observo a mi alrededor que ya es de día, nublado, significa que es un día no tan perfecto para salir de casa y chocarme con la gente. Es mejor no salir, quedarme en mi cuarto, encerrado, escribiendo o leyendo, estar tirado en mi cama o escritorio como un zángano o haragán, escribiendo ideas y a la vez borrándolas. O dormir profundamente sin que nadie pueda someterme a sus palabras e ideas. Salir no será la mejor idea hoy y mejor aun desconectarme del mundo podrá ser una mejor alternativa para que mi mente pueda respirar y pensar en que puedo hacer. Es mejor dejarlo así, simplemente, drogarme con una pastilla que me haga descansar profundamente y volver a la realidad tal vez mañana o de acá a una semana.

martes, 3 de febrero de 2009

Lo oscuro que puede ser el tiempo

La naturaleza te hace ser así, ya te tiene un futuro, solo que falta vivirlo. Hasta los mismos ADN tienen la información de cómo vas a ser cuando seas mayor. Eso no lo dudo, lo aseguro. Pero ese futuro que espera se necesita vivir en un presente, cada segundo que pasa es un pasado, un minucioso pasado al que queremos volver pero lo malo es no poder volver. Aveces quiero volver a una edad o a un tiempo en el que todo era cien por ciento relax pero el tiempo me lo impide, en cambio, en otras ocasiones quiero taparme la boca de las sonseras que llego a decir y que me arrepiento y que luego me hunde en un pozo profundo al que no quisiera llegar ni resbalar.


El tiempo que me queda como futuro es largo, tan largo que nadie ni mi mente puede imaginar, ilimitado en pocas palabras. Pero solo sé que llegaré a que mis cenizas se expandirán por el mar siendo yo parte de este, algunos dicen, tendrás familia, no estarás solo. Pero creo q se equivocan, no saben lo que hablan, ya he llegado desde hace tiempo a una decisión, hundirme con Japón o una isla gracias al calentamiento global que sinceramente soy participe al igual que los demás humanos que se alojan en este planeta que día a día se destruye, preferiría acabarme sentado escuchando rock y más rock, especialmente, de los Guns N’ Roses o Tokio Hotel. Antes de morir, quiero estar escribiendo en un asiento de anciano todos mis poemas que de chico quise escribir, por fin daré mi último suspiro y moriré. Pasarán días, meses y años y mi cadáver será encontrado. Un cadáver que sigue intacto, como si hubiera sido conservado, no estará demacrado. Pero decidirán incinerarlo, como último deseo que quise que me cumplieran y que escribía en cada verso de los poemas que escribía cuando era un jovenzuelo, que se encontraba entre el Lucky y la Brahma, el Marlboro y la Cuzqueña.


Pasará un día, solo un día para que todos se olviden quien fui, porque en realidad no fui nadie, un don nadie, un ser que quería entrar pero nunca pudo entrar y peor aún, salir. En fin, creo que si viví un poco en el pasado y luego terminar como escritor, alusiné.