domingo, 27 de junio de 2010

A balazo disparado

A nueve segundos de jalar el gatillo y que la bala me devuelva la tranquilidad perpetua. Aquella que los miserables, idiotas y héroes han optado para llegar a ella, pues yo soy uno más. Aunque pueda ser que no soy ningún miserable, idiota y, mucho menos, héroe, pero igual, llegaré a lo que ellos han llegado. No me quita el crédito la palabra auto suicidio, sino me la hace parte de ella, es más, me acoge como madre a hijo.

A nueve segundos de jalar el gatillo, recordaré cada paso importante de mi vida, serán nueve que demostrarán cada segundo que pase antes de jalar el santo gatillo y partir de este mundo lleno de melancolía, felicidad, sexo, drogas y alcohol. No me importará que mis seres queridos lloren, no me importará que me griten al oído pensando que así volveré a la vida, no me importará que me sacudan y que en cada movimiento se rompan mis costillas, no me importará, simplemente, que mi cuerpo se descomponga pasando mil años en un ataúd.

No quiero que el día que me vean por última vez lloren ó –como dicen los otros- que estén felices, sino más bien que hagan silencio y que se aleje uno a uno, los invitados, los amigos cercanos y, por último, los familiares. Que no le renieguen a Dios el porqué mi decisión, el porqué la vida es así, sino más bien me gustaría que no lo mencionen, pues él no tiene la culpa…

Lamentablemente, la melancolía, la soledad y soberbia te llevan a escribir estas cosas. En vez de escribir poemas, cuentos, entre otros; opto por adelantar mi muerte, mi tragedia, mi despedida… Tal vez habrán muchas más como esta, pero la idea principal seguirá… MI MUERTE.