sábado, 27 de febrero de 2010

Ella

Estabas alistándote para aquella noche de ternura, pasión y mucho amor. Él estaba por llegar, y tú comenzabas a alistarte. Te metiste a la ducha y demoraste aproximadamente 30 minutos, como si iba a ser la última vez que te bañarías. Pasado unos minutos, saliste, encendiste la radio, cerraste la ventana, corriste la cortina, te soltaste la bata y comenzaste a caminar desnuda. Tu piel era muy blanca, la leche perdía en una competencia de color a tu lado; tus labios ni que decir: suaves, pequeños, rojos carnosos; tu nariz perfecta; tus ojos redondos, verdes, como cerveza irlandesa; tu cuerpo de aproximadamente un metro sesenta de estatura, delgado donde todo hombre se pierde con solo pasar la mano y llegar a tu trasero.

Te sentiste en casa, pues esta era tu casa pero aquel muchacho aun no llegaba, ¿verdad? Traté de mostrarte que se encontraba aquí pero no contigo, sino con otra. Eran las 15 para las ocho, y su ausencia brillaba. Te desesperabas. Luego de mantenerte desnuda por una hora y haber recorrido toda la habitación, empezaste a ponerte la ropa de trabajo: unas pantis transparente, que pasaban hasta las rodillas; una bata rosada para ser más atrayente; pensaste en colocarte un collar de perlas pero luego, te desististe de hacerlo. Estabas preparada para la gran noche pero él nunca llegó, estaba con otra. Entonces decidiste esperarlo con un suave movimiento de labios donde decías: ya llegará. Paseabas por toda la habitación, cada cinco minutos mirabas al reloj, y por último, te mirabas al espejo acomodándote el cabello.

Pasaron cerca de 2 horas para que te des por vencida, es así que cogiste un abrigo de piel de dálmata, a lo cruela Devil, y saliste a pasear. Durante tus 45 minutos de caminata, te preguntabas: ¿Por qué no llegó? ¿Qué le habrá ocurrido? Luego, tú sola te respondías: Fácil tuvo más trabajo o, tal vez, una cena familiar. Hasta que te sentaste en un banco del parque que está al frente del edificio donde trabajabas, echaste la mirada hacia la derecha y te sorprendiste al ver a un anciano, sentado junto a su bastón y un pequeño pastor alemán. El hombre era una mediana pasa, de no menos un metro setenta; tenía una mirada alegre y sencilla, como si él nunca hubiera envejecido; vestía un pantalón beige, unos zapatos de tacón y una chompa color marfil. El viejo te vio y empezó la conversación.

Hola, niña. ¿Qué haces caminando a estas horas? –con voz ronca y débil.
Solo quería salir a respirar y pensar.
Una jovencita como vos debería estar en su casa, viendo televisión o saliendo con sus amigas.
Lo sé, lo sé pero no dejo de pensar en alguien.
¿Y quién es esa persona?
Un muchacho muy atractivo... pero hay un problema.
¿Y cuál es?
Que lo amo pero él le pertenece a otra. No sabes, me he llegado a enamorar con todo mi corazón. Al comienzo, era uno de los tantos pero ahora, es diferente.
¿Cómo? No entiendo. A ver, explícame.
Es que soy una dama de compañía. Trabajo en aquel edificio y hace tres meses conocí a Francisco, un hombre encantador. Lo malo es que él tiene familia: tres hijos y una mujer encantadora. Nos conocimos en una pizzeria, y desde esa vez nos hemos visto frecuentemente hasta que una vez, unos compañeros de él, lo llevaron a mi lugar de trabajo y justo estaba en pleno show y lo vi. No sabes, me quedé petrificada, mi corazón latía a 1000 por minuto –no sabía qué hacer-. Recuerdo que me acerqué, lo cogí de la corbata y lo llevé a mi habitación, luego pasó lo que tenía que pasar. Pero no tuvimos sexo, hicimos el amor, aquel acto puro y sagrado entre dos personas que se atraen hasta más no poder.
¡Santa Madre de Dios! Yo que tú, me voy a una iglesia y me confieso. Pero creo que lo mejor sería ir a buscarlo y decirle que lo amas, aunque no te interese lo que pase pero que siempre estarás ahí.
Gracias, te lo agradezco.

Entonces, te paraste, te inclinaste y, posteriormente, le diste un beso en la mejilla al anciano y te fuiste. 

Al llegar al edificio, decidiste ingresar por la puerta trasera y así fue. En un recóndito pasaje, a la derecha, abriste la puerta y entraste. Era oscuro, adornado de luces verdes y azules. Te sentiste como la primera vez accediste a aquel lugar hasta que llegaste a la última habitación. Esta habitación estaba con la puerta apenas cerrada pero te llamó la atención algo. En el suelo, se encontraba una corbata roja con rayas doradas y negras, era de él; así que, con pasos ligeros ingresaste y lo viste con otra meretriz. Sentiste lástima, envidia y asco, que lo primero que hiciste fue salir como entraste: de puntillas. Te dirigiste a tu habitación sin decir una palabra a nadie, como un alma en pena; abriste la puerta e ingresaste; te echaste en tu cama y comenzaste a llorar de rabia, te sentías como la peor mujer del mundo. 

Entonces, por tu despecho fuiste a tu closet y, entre la ropa, sacaste un cuchillo y lo apretaste con una fuerza increíble. Es así que comenzaste un pequeño camino hacia la habitación de tu amiga, la cual se estaba revolcando con tu amado. 

Cada paso era una lágrima que caía de tus ojos, cada gota reflejaba aquel momento en que viste a Francisco en la cama de otra mujer y no en la tuya. Llegaste a su habitación, mientras que el tenía sexo con otra golfa, te acercaste sin que te sientan pero justo en el momento en que levantabas la mano con el puñal, él volteó; entonces, tú te clavaste la daga y tus labios pronunciaron una pequeña frase: “Gracias por todo, te amo”. Caíste al suelo y a los pocos minutos perdiste la vida.

miércoles, 24 de febrero de 2010

¿Yolanda?

El día de su entrevista de trabajo. Yolanda había ido donde un estilista, para que este le haga un cambio de look. Se quería ver intelectual y regia, como las modelos de passarella. La maquillaron de tal manera que al verse al espejo su rostro era desconocido para ella misma, entonces, impresionaría a los entrevistadores. Al elegir el traje, habían pasado tres horas probándose toda la habitación que tenía llena de ropa. Hasta que encontró una falda roja y un escote blanco que combinaban con sus labios carnosos. Luego de casi siete horas de vestirse y verse simpática, prefirió tomar un taxi para llegar más temprano. Durante el trayecto le leía al taxista lo que diría, y siempre finalizaba con un "¿Lo hice bien?"

Hasta que llegó al lugar y al bajar, en un ligero movimiento, se le corrió el panti y le hizo un gran hueco en la rodilla que ella, en el sentido estético, decidió sacárselo y para pasar la entrevista se lo quitó para ponerse más putita...

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Pdta: Se me ocurrió durante la clase. Al comienzo, pensé que era demasiado malo pero luego, me alegré.

sábado, 13 de febrero de 2010

¿Catorce de Febrero?

¿Por qué un 14 de febrero debe ser el día del amor? No lo sé. Un 14 de febrero, para mí y otros, es un día normal, ya que lo único que veo y/o vemos son parejas en cantidad como la pandemia de la gripe porcina. Las parejas salen de todos los rincones de la ciudad, pero ¿14 de febrero no es día de la amistad? No entiendo por qué le ponen día de la amistad si esa amistad va más allá de ese límite entre la amistad y el amor. La amistad es una, el amor otra cosa. La mayoría piensa que es un día en el que es pasarla con la personas que amas, mas no que quieres –aun recuerdo aquellos años donde le enviaba a Kathy cajitas de bombones, porque, según tenía en la cabeza, era el día de la amistad, cosa que ha cambiado a lo largo de mi crecimiento- En la tv pasan reportajes de este día y concurso de besos, pero a quien le importa si todos están fuera de casa, más bien es una tortura para la gente sola –aunque no me meto en el saco de deprimidos- . Los chicos planean a donde llevar a sus enamoradas y también a sus trampas, al igual que también podría suceder en el caso de las mujeres, hay que ser bien astuto para que ninguna(o) se dé cuenta. Por otro lado, los embarazos están al paso, a tal paso de que toca la puerta de hoteles, hostales o cuartos alquilados, prácticamente, el sexo abunda y no cabe duda. Aunque las declaraciones de amor no faltan, aquellas que marcan la diferencia. Chicos que invitan a salir a las chicas, van al cine exactamente a ver una película de terror para que esta se aferre a él y con toda su valentía asegurarla que él la cuidará por el tiempo en que se mantenga la relación, buena estrategia, para después, terminada la película, con un ramo de flores en la mano, declararse. La chica es más que obvio que dirá “sí, acepto” y nuevamente, Cupido ha cumplido su objetivo. Es más, yo tildaría esto como día del amor y del condón…

Las florerías están al orden del día, no hay hombre que llame a la florería y envíe presentes a su “princesita”, para recordarle lo mucho que significa ella para él, para mi opinión, es un gran gesto de afecto. Luego, no hay otro que una semana antes se ha pasado buscando y, más adelante, aprenderse un poema de Neruda u otros grandes poetas. Así como hay poetas, aparecen cantantes, aquellos que piensan que son unos Alejandros Sanz, Gianmarcos, Ricardos Arjonas, Ricardos Montaner, entre otros; aquellos que a pesar de que canten mal y les salga un tremendo gallo, se lo cantan a sus “queridas”, según ellos, para reconquistarlas, pero la intención vale, no seamos malos. Asimismo, como hay cantantes y poetas, hay cocineros, aquellos que la invitan a cenar a casa y preparan una cena romántica: velas rojas, mesa roja, servilletas, todo y para rematarla, pastas. Por otro lado, están los hombres que se les ocurre invitarla al zoológico, un lugar de relajo donde puedes conocer a los animalitos que solo vez en “Animal Planet” y eso, si es que tienes “Cable Mágico” o “Direct Tv”. La chica se emociona al ver a la jirafa, al elefante, al venado –aparte de ti-, al tigre, al ganso –también puedes serlo- o a la foca y otros, todo eso le encanta a la chica, que un chico le encante la naturaleza y los animales, que no sea un tirano

Ahora, los permisos también marcan diferencias, cuando la pareja son dos menores de edad, el tiempo es limitado, sino pides permiso dos semanas antes es posible que no lo obtengas pero si lloras y súplicas, jurando que es la única vez en el año que saldrás –cosa que es mentira-, sí. La súplica es una buena opción, tus padres te dicen: No saldrás y tú: padre o madre, pero es una vez en el año, te juro no volver a salir después de esta fecha; además saldré con las chicas o chicos. Que mentira, pero tienes que buscar la mejor estrategia para zafarte de tus padres para ir a encontrarte con el chico o chica que has programado tu febrero catorce. Es más, sales de tu casa como si un perro te correteara, tomas el primer taxi que pasa frente a tu casa y pides que te lleve a tal dirección, donde consumarás tu amor. Es probable que dejes tu locura fluir.

Los 14 de febrero, en mi opinión, se han convertido en algo aburrido para la gente soltera, porque ya uno sale a calle y se topa con cualquier par de asquerosos besándose y para colmo con lengua –aj mierda-, aunque hay parejas rescatables, las podemos excluir, son aquellas que tienen respeto a los demás y buscan un lugar moderado, pero igual, en este día, no hay cambio alguno.

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Pd: Espero que los que tienen pareja pasen un lindo 14 pero no continúen con la tradición, utilicen su creatividad. Por otro lado, los que están solos, como yo, busquen que hacer o tomen el día como si no fuera 14.

viernes, 12 de febrero de 2010

Dos polos opuestos

Ana Paula era una cuarentona divorciada. Después del fracaso de su matrimonio, se abandonó emocional y físicamente: se dedicaba solo a su trabajo (era diseñadora gráfica y andaba metida en uno y otro proyecto) y había engordado increíblemente. Un día, sin embargo, algo especial pasó en su vida: conoció por internet a Rodrigo, un joven ingeniero de buenos sentimientos que, además de ser muy guapo, no le importaba el físico que ella lucía. Durante varias semanas, día y noche, con una frecuencia cada vez más intensa y empleando todos los medios posibles, se mantenían comunicados, hasta que finalmente, una noche de verano, en un restaurante muy bonito, se produjo el ansiado encuentro.

Esa noche Ana Paula, muy arreglada, había llegado al restaurante con una hora de anticipación. Estaba tomándose un aperitivo cuando, con la boca abierta y el alma en un hilo, vio llegar a Rodrigo. Era más, mucho más guapo que en las numerosas fotografías y videos que había visto de él; pero –oh, sorpresa- había algo que ella no esperaba: era muy pequeñito, de no más de un metro de estatura, pero conjugaba con su gran amor indomable hacia Ana Paula, de quien Rodrigo se había enamorado.

Rodrigo caminaba con pasos agigantados, que iban muy bien con él. Entre la distancia que tenía que recorrer, el alma de Rodrigo latía a mil por minuto, su mirada directa a los ojos de Ana Paula eran como un francotirador listo para el ataque, lanzando un “te quiero” como disparo, su cuerpito se movía rápidamente, para después de una larga espera, tocarla. Se le acercó, le dio un beso en la mano con una mirada pícara, dando a significar que podía nacer algo muy lindo, una relación. Aunque sus formas físicas eran totalmente contrarias, sus almas eran gemelas, eso parecía. Ella era blanca como el pelaje de un tigre blanco siberiano; tenía ojos como diamantes; labios rojos: sensuales, carnosos e hidratados; el cuerpo como un barril de chocolate suizo, pero en blanco y piernas delgadas que podían soportar los 125 kilogramos de armonía y alegría que jugaban un gran partido con su metro noventa de estatura, algo no tan común en las mujeres. En cambio, él era pequeño como un niño de cinco años; su flaqueza era notable, apenas pesaba veintisiete kilos; era color canela; la cara redonda, como la de un balón de futbol; los ojos eran profundos y claros; el cabello negro sedoso y los pies como dos tortillas de huevo de codorniz.

Al comienzo, los dos se sentían algo extraños, Rodrigo, en realidad, era tímido, pero iba perdiendo la timidez cada segundo que pasaba y Ana Paula era una chica de una lengua inquieta, así que no había problema en ella. Rodrigo llamó al mozo y pidió una cerveza y ella, un vino. Luego de cinco minutos de cambio de miradas, el mozo llegó con el pedido; la cerveza era agria espumante de tal manera que su espuma casi resbalaba del vaso; en cambio, el vino era amargo sangriento. Los dos tomaron a la vez de sus respectivos vasos y brindaron por este magno evento que estaba ocurriendo, hasta ese instante. Rodrigo le hablaba del trabajo, que tenía que pagarle a todos sus trabajadores: personas vigorosas y gruñonas que al costado de Rodrigo eran rascacielos y luego pedir vacaciones antes que le dé un ataque de migraña descontrolada. Él bebía de manera apresurada, su vicio por el alcohol era tan inmenso como la sed de un hombre en el desierto, del cual él nunca le había comentado, era un secreto guardado; en cambio, ella contemplaba la copa de vino; la música era melódica blanda, de tal manera, que era propia para la ocasión.

La conversación era fluida pero poco agradable, pues Rodrigo tomaba demasiado y fumaba. Esa noche, consumió mucho tabaco; incineró la última neurona que le quedaba en la cabeza. Es más, no parecía ser la persona que solía ser por internet, era un muñeco hecho con puros malos modales, Ana Paula estaba avergonzada al ver que a su alrededor la gente hablaba y los miraba, y se sentía engañada, ya no soportaba un minuto más para huir de aquel lugar y no saber nunca más de ese hombre. Entonces se le ocurrió una idea: tirar el tenedor al suelo e irse sin que él se diera cuenta. No lo pensó dos veces y lanzó el tenedor al suelo, haciendo pensar que había sido de casualidad; Rodrigo, por caballerosidad, se bajó de su asiento y empezó a buscar, Ana Paula se levantó de su asiento, de manera delicada, dio tres pasos y corrió hasta la puerta, volteó y se fue. Él encontró el tenedor, lo recogió, se subió a su asiento y se sorprendió al ver que estaba solo, Ella había huido. El diminuto hombre o más bien pedazo de hombre llamó al mozo y le preguntó si vio salir a la dama que le acompañaba en la mesa y este respondió con un sincero y suave “No”, a pesar de que él la había visto salir.

Después de unos minutos de haber pensado que había hecho para que Ana Paula se vaya, Rodrigo pagó la cuenta y corrió a toda prisa, pensando que la encontraría afuera, llorando. Llegó a la entrada y no la encontró, la llamó a su móvil, pero ella no contestó. Muy decepcionada de Rodrigo, Ana Paula llegó a su casa, encendió su ordenador, entró a su correo y a la carpeta de imágenes, y eliminó sus mensajes, sus fotos, sus poemas y la rutina que en ellos se había sembrado. Luego de lo ocurrido, puso una canción de Cerati (Adiós) y echó a llorar en su cama que era tan ancha como un carril de la Av. Javier Prado, tan suave como el pelaje de un gato, tan fuerte como un camión para transportar ballenas. Se dice que el llanto y la decepción de Ana Paula duró 30 días y 31 noches, tanto así que adelgazó. Un día, Ana Paula, mientras caminaba por la calle, vio a un perro que se orinaba en una bola forrada por un saco viejo y pantalones claros, le dio curiosidad por saber que era, botó al animal y se dio con la sorpresa que era Rodrigo, quien se había convertido en un drogadicto, en un bebedor total y en un desempleado. Pues el no luchó por ella y se entregó a la perdición total o mala vida.

viernes, 5 de febrero de 2010

Aquel movimiento que acabó con mi territorio

Cuando vi por primera vez el mar, era una tarde de enero. El clima era semi soleado, con nubes alrededor y justo eran las siete para las cinco. Cuando vi por primera vez el mar, estaba junto a mi mamá y mi papá, corriendo con libertad hacia el mar, pues era la primera vez que estaba en este lugar que tanto me impresionó y llenó de admiración. Admiración y satisfacción de ver otro mundo lleno de vida azul y tan infinito que no tenía idea cuantas personas podrían caber. Cuando vi por primera vez el mar, no me imaginaba que sería tan majestuoso, tan real, tan puro, tan divino, una obra perfecta creada por Dios. Cuando vi por primera vez el mar, mi sueño se había hecho realidad, mi sueño que día a día esperaba estaba allí, en las costas del balneario donde yo siempre quise ir, pero mis padres siempre me lo habían prohibido.

La tierra comenzó a bailar con alocado movimiento en zig-zag, los árboles parecían caminar. Parecía que la tierra hubiera aprendido a hacer olas como el mar. El cielo me hacía imaginar que iba a colapsar, el muelle hizo de su propiedad el movimiento de una serpiente: de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Un grito enfurecido se escuchaba desde las colinas, no sabía que ocurría, cuando vi por primera vez el mar.

Mi madre gritaba y mi padre trataba de tranquilizarla. Mi madre lloraba, mi padre la acariciaba. Y yo no sabía que pasaba cuando vi por primera vez el mar. Lagrimas y descontrol, la ira de Dios no tenía remedio, pues no pensaba que esto era un cataclismo. Mi gran soñado encuentro con el mar había sido ni tan malo ni tan bueno. Tan solo había sido un frío amargo de limón que había embriagado a la tierra para que esta se moviera. Me lo había dicho mi padre, un martes, cuando vi por primera vez el mar.

Fueron minutos de dolor y desesperación que se apoderaron del territorio, y, por supuesto, de mí. Luego, al terminar los quince segundos de movimiento, que más bien parecían horas donde se derribó por completo mi país. Perdí a mis seres queridos, menos a mi padre y a mi madre. Al terminar el baile de la tierra corrí hacia el pueblo donde vivo, me internet en el pequeño bosque, y mientras lo recorría me encontraba con los animales que me miraban tristes y asustados. Luego el panorama destructivo me daba la bienvenida, todo estaba en escombros. Gente llorando, pidiendo ayuda, lamentando la pérdida de su ser amado. Entonces corrí a la iglesia, que está a la espalda de mi casa y también estaba derrumbada. No me quedaba otra de soportar el dolor de ver a mis demás seres queridos tal vez sin vida. Cuando vi por primera vez el mar, aprendí a ser fuerte y a tener corazón de piedra.

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P.S.: Dedicado a las víctimas de Haití.