domingo, 21 de junio de 2009

All abord

Grito todos los días desde mi soledad, para ver quien quiere atreverse subir a este tren que llevará a la felicidad, puede ser que con algunos percances, pero igual llegará -se supone que es el fin de todo ser humano, lo dijo Aristóteles- y los demás seres que existieron y existen en este mundo. Esto es sumamente relativo y a la vez contrario con mi vivir, mi forma de ser es la esencia perfecta en la combinacion de soledad y felicidad que en mi puede prevalecer. Aveces feliz, aveces enojado o también deprimido, pero en minoría y siempre saldrá aquel empujón de soberbia ante todo diciendo que no sea un cabrón y que en mi salga la alegría y algarabía.

La verdad absoluta siempre quise alcanzar pero nunca lo logro y peor lo lograré, es como si siempre se escapara de mis manos y me manda a desubicarme del bosque en el que me he encontrado. ¿Será a mi mismo? ¿Será a otro ser humano? Pues no tengo la menor idea a quien, pero se que es alguien que tiene las mismas sensaciones que yo, practicamente un ser igual a mi, a mi semejanza espiritual, mas no física. Puedo jurar que siempre la he visto sentada en aquel río, donde solo cae agua celestial, pero nunca vi su rostro, osea no puedo afirmar quien es, solo me pregunto y quedo con la duda de quién será.

Puedo volar, puedo lanzarme de un puente, de un rascacielo y no caer al suelo, puedo mantenerme en el aire y sentirme bien, puedo mantener mis alas y no tocar piso, solo llevar a mi cuerpo a la atmósfera celestial o ir a aquel paraíso que es mi recinto, un bosque escondido al estilo medieval que no posee caballeros de la corona roja.

Ahora me acuesto en una cama de espuma, esperando despertar para ir a la universidad y seguir haciendo el ridículo con los demás y no fijarme en la cara de aquel ser y decirme una y otra vez... Carlos eres un baboso...