domingo, 5 de diciembre de 2010

Trago y agonía

Eran casi las 23 horas y los dos amigos conversaban acerca de sus alegrías y tropiezos. A bebía desesperadamente como quien buscando una respuesta de los males en las latas de cerveza, mientras que S veía en su iPod unas imágenes de antaño y se preguntaba si lo que estaba viviendo era real, si el destino realmente había preparado algo malo para él. S, cada 3 minutos, llevaba la lata de cerveza a sus labios y luego de tomar unos cuantos sorbos mentaba la madre.

- Fatalmente, nuestras metas no llegan a concretarse. ¿Estamos pagando algo?, decía S

- No lo sé, fácil hemos cometido un mal acto y no lo recordamos, le respondió A luego de que S cambiara la pista en su juguete digital.

- Pues fíjate que ahora mi Yo trata de buscar respuestas, respuestas concretas y no absurdas como he encontrado a lo largo del tiempo, dijo un ya tomado S.

- No seas melancólico, no seas idiota, S. ¿Cómo puedes pensar así? Ha de ser el trago que te está haciendo hablar cojudecez, le gritó A.

S no dijo nada y de un sorbo se mandó toda la cerveza que poseía la lata. A se le acercó, lo abrazó y le dijo: Puede ser que el destino o otros nos den la espalda pero nunca nos separaremos, somos como hermanos y nos apoyaremos en todo. A sacó otra cerveza, se la dio a S y dijo: Salud por la amistad, hermano. Y por los dengues que hemos pasado, respondió S.

Empezó la lluvia y en pocos minutos ya todo era charco. S le dijo a A que era mejor subir al carro y seguir bebiendo hasta que el cuerpo se sienta sedado. A solo atinó a mover la cabeza. Se pararon y empezaron a caminar cuando de pronto vieron a lo lejos luces blancas que venían hacia ellos. Pensaron que era un auto o que A había dejado las luces del coche encendidas por lo que S le dijo: Qué webón para dejar las luces prendidas, piensa en la batería. “No, nada. Las apagué”,respondió un sonriente A. Las luces se acercaban más y más, S sentía que todo a su alrededor se ponía cada vez más frío, pensaba que algo malo iba a ocurrir esa noche, que todo cambiaría por una razón desconocida. A hablaba sobre su ex, de que aún la quería pero que poco a poco el sentimiento desaparecería y que todo volvería a la normalidad.

Hasta que se acercaron las luces y chocaron cada una contra sus cuerpos. Sintieron el choque y empezaron a volverse pálidos. Sus rostros y delgados cuerpos empezaron a volverse blancos, de tal manera que cuando se observaron el uno al otro no se reconocían. En toda la oscuridad ellos eran luces, luces de su propio destino pero que lamentablemente debían de dejar sus cuerpos dentro de poco tiempo. Entonces, S tomó su lata de cerveza al igual que A y decidieron brindar, al hacer eso S le dijo: que este brindis sea eterno. Chocaron las latas y murieron.

Al día siguiente, una anciana los encontró. Llamó a la policía y estos a sus familiares. Los espectadores se encontraban viendo aquel terrible espectáculo y esperaban al fiscal para que levanten los cuerpos y sean llevados a una morgue, aunque a S nunca le gustó la idea de que le realicen una necropsia cuando fallezca pero se la hicieron y a A sí se le realizaron pero no cumplieron su deseo de ser incinerado. Sus deseos de como debían de suceder las cosas cambiaron y el deseo de uno se produjo en otro y a la inversa. S fue parte de una necropsia y A no. S fue incinerado y A enterrado. Posiblemente puedo decir que los deseos de ambos era para el otro y que el destino no les había dado la espalda hasta en sus deseos póstumos.