miércoles, 19 de enero de 2011

Dardo (Parte 1)

Era un día común y corriente en la vida del muchacho que vivía cerca del terreno baldío. Caminaba con lentitud y melancolía, buscando algo que pueda sorprenderlo y hacerle sentir que todo lo vivido había valido la pena. Pero esa vez, según lo que pude observar desde el balcón, él llevaba una roca en la mano derecha. En un principio pensé que la arrojaría a la acera para patearla como un balón de futbol pero luego pude entender lo cuan importante era esa piedra para él.

Las personas lo miraban, comentaban a voz baja sobre su aspecto, pues vestía una camisa blanca, un pantalón negro y botas negras de cuero, además llevaba joyas y una cartera oscura en la mano izquierda. Yo ya lo había visto en aquel bar londinense, donde se bebía cerveza alemana y se coreaba las canciones de los Rolling Stones, Queen, Pink Floyd, AC/DC y Motorhead, fumando un cigarrillo pero no con el traje que llevaba puesto ahora, sino con zapatos de punta, pantalones pitillos y una remera de los Ramones.

Luego pude fijarme que en cada paso que él daba, apretaba más la piedra, la apretaba de tal manera que cada paso era una herida que se abría, aún más, en la mano. No entendía el porqué la furia hacia sí mismo, el por qué a su deseo masoquista, pues demostraba en su rostro una tranquilidad a la cual toda persona estresada quisiera lograr. Entonces decidí bajar y ayudarlo. Bajé las escaleras apresuradamente y de tal manera que sentía volar al momento de bajar los escalones, mientras que en mi mente se hacia una idea de que él probablemente había tenido un problema sentimental, posiblemente habría roto con su chica. Terminé de descender de las escaleras y mi corazón latía a más de 180 latidos por minuto, abrí la puerta y miré a la esquina pero, diablos, ya no se encontraba. Corrí hacía la esquina, pensando encontrarlo, y ya no estaba. Había desaparecido.

No había rastro alguno del muchacho. Me indignó toda la noche no haberlo encontrado pero algo me decía que esta no sería la segunda y última vez que lo vería, que en otra oportunidad me volvería a chocar con él y que hablaríamos.