Poco tiempo suelo darle a mi vida intima, es un misterio que yo mismo no puedo resolverlo. Siempre me pregunto pero no encuentro respuesta alguna para llegar a saber a que realmente pienso enfrentarme, tal vez en este momento lo escribo porque estoy en mis horas melancólicas donde solo me entretiene el vaso de whisky acompañado de coca cola y cubos de hielo pero aparte de la cajetilla de cigarros que desde hace dos horas estoy fumando pero que no suelo golpear.
Sé que mi melancolía se eleva en mi cuerpo cada minuto que pasa, son las 22:23 de la noche y la melancolía me empeora, es como una fiebre que sube y me lleva a delirar o simplemente, a fantasear, donde no puedo llegar a la realidad, a pisar tierra y decirme: Steven, que carajos pasa, no puedes ponerte así; es entonces que el corazón se endurece más y más hasta llegar a volverse piedra, de la cual mis actitudes tendrán que cambiar como el estar fatigado y a la vez estar incomodo de quedarme en un mismo lugar.
A veces como anteriormente digo, el amor te vuelve idiota, es real, pero más bien te vuelve en un ciego pero para ser mucho peor y a la vez en idiota. Pero, hay algo. Uno no ama primero y después quiere, ahí hay un grave error, porque estas dos palabras son totalmente diferentes, las separa una gran grieta de la cual el tiempo en que una persona pase de “querer” a “amar” toma demasiado tiempo, pero corre la mala suerte que en algunas parejas esto no se da y quedan en pleno puente y se autodestruyen y esta caída ya no tiene salvación si es que los dos no tratan.
En fin para tener una conclusión fija acerca de mi tema de “amar” tendré que usar una oración de lo que escribió un gran amigo, al que le tengo mucho aprecio y respeto, y que dice así: “No te amo como se aman a las cosas mortales”. En conclusión el amor es sobrenatural, no tiene un límite. Aparte, las horas melancólicas son horas que le suele suceder a cualquier ser humano y escribiendo es una de las diferentes formas en las que uno puede desahogarse.
