Vuelve el caballero con la capa caída y la espada arrastrando. Vuelve con la valentía hecha pedazos y la agonía colgando. Está adolorido, está humillado, más no derrotado.
Hace mucho tiempo –un año para ser exactos- entró a una guerra en la cual no se veía nada fácil, más bien, accesible, pero luego las cosas se iban haciendo difíciles y largas, podríamos relacionarlo con un agujero negro, uno no sabe cuándo acabará.
Ese día en que decidió darlo todo por su reino, se había clavado en la cruz del cristianismo, siendo víctima de auto suicidio. Al comienzo pensó que no sería difícil, que derrotaría a los bárbaros y salvaría al reino de las amenazas desquiciadas de las que eran martirizados, pero al final, resulto él, el derrotado. Derrotado de todas las batallas en las que había luchado junto a Frapus, su caballo, y que ninguna había tenido éxito.
Vuelve el caballero con la cabeza caída, con los ojos llorosos y lagrimas derramando. Pensando que no es nada en este mundo, que su lamentable lucha ha acabado y que no merece ser un caballero. Yo le digo: “No pierdas las esperanzas.” y él contesta: “No las he perdido, las he matado. No sirvo para este oficio, pues ahora soy un fracaso.”
Pues, realmente, caballero, tú puedes, revive aquellas esperanzas y hazlas realidad, tu acto heroico de ir a batallar y dar todo de tí te hacen una persona respetada y admirada. Dudo mucho que la gente te olvide, y que no te recuerde, porque siempre vivirás en el corazón y mente de las personas que te conocen y sé que tu historia pasará de generación en generación. Verás que en esta última batalla saldrás victorioso, porque veo que en tí, que renace un ave fénix.
sábado, 24 de abril de 2010
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