viernes, 12 de febrero de 2010

Dos polos opuestos

Ana Paula era una cuarentona divorciada. Después del fracaso de su matrimonio, se abandonó emocional y físicamente: se dedicaba solo a su trabajo (era diseñadora gráfica y andaba metida en uno y otro proyecto) y había engordado increíblemente. Un día, sin embargo, algo especial pasó en su vida: conoció por internet a Rodrigo, un joven ingeniero de buenos sentimientos que, además de ser muy guapo, no le importaba el físico que ella lucía. Durante varias semanas, día y noche, con una frecuencia cada vez más intensa y empleando todos los medios posibles, se mantenían comunicados, hasta que finalmente, una noche de verano, en un restaurante muy bonito, se produjo el ansiado encuentro.

Esa noche Ana Paula, muy arreglada, había llegado al restaurante con una hora de anticipación. Estaba tomándose un aperitivo cuando, con la boca abierta y el alma en un hilo, vio llegar a Rodrigo. Era más, mucho más guapo que en las numerosas fotografías y videos que había visto de él; pero –oh, sorpresa- había algo que ella no esperaba: era muy pequeñito, de no más de un metro de estatura, pero conjugaba con su gran amor indomable hacia Ana Paula, de quien Rodrigo se había enamorado.

Rodrigo caminaba con pasos agigantados, que iban muy bien con él. Entre la distancia que tenía que recorrer, el alma de Rodrigo latía a mil por minuto, su mirada directa a los ojos de Ana Paula eran como un francotirador listo para el ataque, lanzando un “te quiero” como disparo, su cuerpito se movía rápidamente, para después de una larga espera, tocarla. Se le acercó, le dio un beso en la mano con una mirada pícara, dando a significar que podía nacer algo muy lindo, una relación. Aunque sus formas físicas eran totalmente contrarias, sus almas eran gemelas, eso parecía. Ella era blanca como el pelaje de un tigre blanco siberiano; tenía ojos como diamantes; labios rojos: sensuales, carnosos e hidratados; el cuerpo como un barril de chocolate suizo, pero en blanco y piernas delgadas que podían soportar los 125 kilogramos de armonía y alegría que jugaban un gran partido con su metro noventa de estatura, algo no tan común en las mujeres. En cambio, él era pequeño como un niño de cinco años; su flaqueza era notable, apenas pesaba veintisiete kilos; era color canela; la cara redonda, como la de un balón de futbol; los ojos eran profundos y claros; el cabello negro sedoso y los pies como dos tortillas de huevo de codorniz.

Al comienzo, los dos se sentían algo extraños, Rodrigo, en realidad, era tímido, pero iba perdiendo la timidez cada segundo que pasaba y Ana Paula era una chica de una lengua inquieta, así que no había problema en ella. Rodrigo llamó al mozo y pidió una cerveza y ella, un vino. Luego de cinco minutos de cambio de miradas, el mozo llegó con el pedido; la cerveza era agria espumante de tal manera que su espuma casi resbalaba del vaso; en cambio, el vino era amargo sangriento. Los dos tomaron a la vez de sus respectivos vasos y brindaron por este magno evento que estaba ocurriendo, hasta ese instante. Rodrigo le hablaba del trabajo, que tenía que pagarle a todos sus trabajadores: personas vigorosas y gruñonas que al costado de Rodrigo eran rascacielos y luego pedir vacaciones antes que le dé un ataque de migraña descontrolada. Él bebía de manera apresurada, su vicio por el alcohol era tan inmenso como la sed de un hombre en el desierto, del cual él nunca le había comentado, era un secreto guardado; en cambio, ella contemplaba la copa de vino; la música era melódica blanda, de tal manera, que era propia para la ocasión.

La conversación era fluida pero poco agradable, pues Rodrigo tomaba demasiado y fumaba. Esa noche, consumió mucho tabaco; incineró la última neurona que le quedaba en la cabeza. Es más, no parecía ser la persona que solía ser por internet, era un muñeco hecho con puros malos modales, Ana Paula estaba avergonzada al ver que a su alrededor la gente hablaba y los miraba, y se sentía engañada, ya no soportaba un minuto más para huir de aquel lugar y no saber nunca más de ese hombre. Entonces se le ocurrió una idea: tirar el tenedor al suelo e irse sin que él se diera cuenta. No lo pensó dos veces y lanzó el tenedor al suelo, haciendo pensar que había sido de casualidad; Rodrigo, por caballerosidad, se bajó de su asiento y empezó a buscar, Ana Paula se levantó de su asiento, de manera delicada, dio tres pasos y corrió hasta la puerta, volteó y se fue. Él encontró el tenedor, lo recogió, se subió a su asiento y se sorprendió al ver que estaba solo, Ella había huido. El diminuto hombre o más bien pedazo de hombre llamó al mozo y le preguntó si vio salir a la dama que le acompañaba en la mesa y este respondió con un sincero y suave “No”, a pesar de que él la había visto salir.

Después de unos minutos de haber pensado que había hecho para que Ana Paula se vaya, Rodrigo pagó la cuenta y corrió a toda prisa, pensando que la encontraría afuera, llorando. Llegó a la entrada y no la encontró, la llamó a su móvil, pero ella no contestó. Muy decepcionada de Rodrigo, Ana Paula llegó a su casa, encendió su ordenador, entró a su correo y a la carpeta de imágenes, y eliminó sus mensajes, sus fotos, sus poemas y la rutina que en ellos se había sembrado. Luego de lo ocurrido, puso una canción de Cerati (Adiós) y echó a llorar en su cama que era tan ancha como un carril de la Av. Javier Prado, tan suave como el pelaje de un gato, tan fuerte como un camión para transportar ballenas. Se dice que el llanto y la decepción de Ana Paula duró 30 días y 31 noches, tanto así que adelgazó. Un día, Ana Paula, mientras caminaba por la calle, vio a un perro que se orinaba en una bola forrada por un saco viejo y pantalones claros, le dio curiosidad por saber que era, botó al animal y se dio con la sorpresa que era Rodrigo, quien se había convertido en un drogadicto, en un bebedor total y en un desempleado. Pues el no luchó por ella y se entregó a la perdición total o mala vida.

2 comentarios:

Mayori dijo...

jajaja lo de javier prado me matooo!!! jajaja xD...
eres muy detallista lo cual es bueno xq permite q uno pueda dibujar en su imaginacion a los personajes y sentir la historia mas real.
pero eres un detallista cruel ajaj xD

Nataly dijo...

U.u mui uena!