martes, 10 de febrero de 2009

No aguanto más

¡No aguanto más! He llegado de una fiesta que a la final creo que no debí estar, fui un fracaso, si, un fracaso andante o un cobarde manipulador. Recién me doy cuenta de lo que soy, pues ahora la gripa me mata, se apodera de mi cuerpo. ¿Será un castigo? ¿Un hechizo? I don’t know.

Cada estornudo es una tortura para mi roja nariz, que se vuelve roja como la del reno de Santa Claus. También al estornudar mi cabeza pasa por un proceso de movimiento lo que fusionado con el dolor de cabeza hacen que mi mente se desvanezca y pierda la conciencia, aquella conciencia que intimida a mi yo profundo, el cual sabe perfectamente que lo que hice ayer no estuvo bien, que actué como un fracasado.

Creo que aquel soldadito de plomo que nunca existió, ese día decidió aparecer, pero este escuálido cuerpo no lo dejo salir y ocasiono un perfecto lazo entre el alcohol, los cigarros y la perdición que supuestamente había deseado aquella semana. Una vuelta a mi antiguo yo, a lo que años pasados ocurría en cada fiesta a la que asistía, ya sea solo o en compañía. El alcohol se mezclaba con la sangre, era parte de mi sangre, lo cual circulaba por todo mi 1.75 de estatura y a la vez me volvía una persona inocua contra toda situación. El cigarro mataba mis pulmones y los llenaba cada aspirada de cáncer. Mientras el alcohol y el cigarro eran una destrucción corporal, la perdición era algo que sin duda alguna podía dominar, era un sentimiento que me llevaría a poder escribir al día siguiente o días más tarde.

Como un día me dijo un gran amigo -que agradezco mucho su amistad- “Las oportunidades se pierden porque uno mismo las pierde, y si uno no piensa en lo que dice es peor y se jodió”. Creo que sus palabras son muy sinceras y a la vez muy alentadoras porque encajaba justo con lo que estaba pasando. Sabía que yo pasaba por un tornado de locura, una tempestad sentimental, esa es la palabra, “tempestad sentimental”. He hablado muchas cosas con él, en el poco tiempo que nos conocemos, creo que sin su gran ayuda ya hubiera perdido la cordura. O quizás me hubiera echado a llorar, como un niño del que ya no soy.

Días más tarde de aquella fiesta, me encontraba frecuentando un condominio, donde vive mi amigo del alma, Miguel, es entonces que empezó a llover y yo seguía recorriendo el camino que me llevaba a la casa de mi inseparable amigo, hasta que me encontré con un conocido del colegio que me invitó a su casa a charlar un momento con él, es así que cogí mi móvil, marqué el número de Miguel, le llamé y le dije que me demoraría 15 min en llegar a su domicilio. Tomé otro rumbo con mi compañero de colegio en plena lluvia hasta que llegamos a su hogar. Era una casa de 2 pisos, con buena vista a la calle. Me dijo que lo esperara, lo esperé, me vi los zapatos que estaban empapados de tantos charcos que había pisado, observé a mi alrededor y me encontraba parado, bajo la lluvia con un perro ladrándome, llamado Barrabas. Barrabas era la mascota de mi compañero de colegio, tenía 2 años de edad y era de raza pastor inglés, creo que nunca le caí a ese perro, lo que me llevo a pensar que nunca mantendría un lazo de amistad con aquel animal. Mi compañero me invito a pasar a su casa, charlamos que había sido de la vida de la gente de la promo y de que estaban estudiando, lo que me llevo a pedirle un vaso con agua para no aburrirme, me convido el vaso con agua y la conversación cada vez se ponía aburrida, es así que tuve que mentir para salir del aburrimiento y cumplir en ir a la casa de Miguel.

Miguel, sabe mucho de mí, sabe que me está pasando por la cabeza en este preciso momento, cuanto de furia me tengo hacia mí mismo, que tan cabrón soy para no enfrentar miedos que no tienen sentido, miedos que cualquier chico de mi edad puede vencer, cosa que yo no lo puedo hacer, porque me pongo negativo. Creo que este verano me ha tenido abrumado, negativo, aparte de ser muy pesimista. Él sabe que ahora añoro los agostos más que los eneros, aunque los agostos sean rápidos y aburridos. Él sabe que los amores de verano no son pasajeros e inolvidables, que siempre se queda el recuerdo, que el verano es la perfecta estación, donde las muchachitas abundan en cantidad, salen de sus casas a hechizar hombres y tenerlos locos. ¿Será por tanto sol? I don’t know. En cambio, los agostos son pasajeros, pasan muy rápido, no se pueden disfrutar y el frio hace que las chicas que solías ver en verano, ya no paran afuera, sino en sus moradas.

Llegue a la casa de Miguel y oh sorpresa estaba en su ordenador jugando y distrayéndose de tanto estudio.

Luego me retiré a casa donde me encontré con otro mejor amigo que me acompaño a mi hogar y charlar sobre algunas cosas, charlaba con él, y me comentaba que me veía idiota, mucho más que antes y le dije: Porque se metió en mi mente como un dengue. No recapitulo como se puso cuando mencioné eso, lo que me llevo a que me dé un lapo en la cabeza y me diga: eres un webon.

Él se retiró a su casa y yo me fui a mi habitación a echarme a descansar. A la mañana siguiente me puse al lado de la ventana y pronuncié un poema, que nunca lo había pensado, solo fluía de mi boca como una melodía: La ventana da tu reflejo. Los rayos de luz que emite el sol, traspasan como mis poemas que pueden o llegarán a tu corazón. De la nada me salió, lo había dicho en voz alta y firme, como en un recital, solo que en este recital no llevaba ropa, más que un bóxer. Pero yo sabía que mis poemas aunque sean lindos no lo son todo para conocer a alguien, sé que mis poemas llegan y no se van, porque quedan, aquella chica que leyó los poemas no olvidará, creo yo. Pero en cambio si se olvidará de mí. Como yo fui simplemente un triste webon y cabrón, que desafío la ley de la gravedad y perdió, perdió con ganas. Pero eso no quiere decir que perdió totalmente, aun creo que habrá oportunidad, ya como dice una de las muchas personas que conozco “podrás perder 1000 batallas pero no la guerra”, tiene razón, aunque estas batallas confirman que mi guerra está a punto de perder pero nada está dicho, aun hay una luz o una esperanza por ahí.

Mientras escribo observo a mi alrededor que ya es de día, nublado, significa que es un día no tan perfecto para salir de casa y chocarme con la gente. Es mejor no salir, quedarme en mi cuarto, encerrado, escribiendo o leyendo, estar tirado en mi cama o escritorio como un zángano o haragán, escribiendo ideas y a la vez borrándolas. O dormir profundamente sin que nadie pueda someterme a sus palabras e ideas. Salir no será la mejor idea hoy y mejor aun desconectarme del mundo podrá ser una mejor alternativa para que mi mente pueda respirar y pensar en que puedo hacer. Es mejor dejarlo así, simplemente, drogarme con una pastilla que me haga descansar profundamente y volver a la realidad tal vez mañana o de acá a una semana.

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