Llegada la noche abrí los ojos y observe a mi alrededor. Tenía el tronco desnudo y una sábana que cubría mis pies y el retrato de mi amada pegada al pecho. Salí al balcón y me encontré con la sorpresa de que estaba lloviendo… Londres estaba siendo azotado por un aguacero. La gente caminaba aceleradamente en busca de un refugio, o llegar lo más pronto posible a sus casas, y en cuanto a mí, estaba quieto en mi balcón, siendo una especie de espectador ante un fenómeno que en esta estación no era normal. Asimismo, traté de ver el rostro de las personas para ver si daba con el rostro del chico que días atrás había pasado al frente de mi lecho con una piedra en la mano. Fue en vano, no logré encontrarlo.
Regresé a mi cama, me recosté, y me puse boca arriba. Entonces mi cuerpo empezó a agitarse, mi corazón a acelerar sus latidos y mis manos a coger el recuadro fuertemente. Cada minuto que pasaba era, para mí, una agonía, una llaga más a mi corazón que poco a poco se destruía… Pensé en tomar alucinógenos para calmarme pero era demasiado tarde, estaba perdido en mi soledad y en la tristeza de no estar junto a ella. Mi desahogo eran las lágrimas, los golpes en la cabeza, cuando derrepente me acordé que tenía marihuana y éxtasis en una de mis maletas. Salté de mi cama y me dirigí al closet, abrí la puerta, arrimé la ropa usada y encontré la primera maleta que sobresalía entre las demás, jalé el cierre, saqué los botines que se encontraban dentro de ella y en un costadito estaba mi dulce medicamento antidepresivo.
Fui al baño, llené el vaso con agua y me tomé dos pastillas de éxtasis. Asimismo, busqué un periódico pasado para armar una de mis drogas preferidas cuando estaba en la escuela. Comencé a desordenar más mi alcoba en busca de un bendito periódico pasado para poder aspirar el humo de la planta verde que personas a mi edad tenían miedo de probar, hasta que lo encontré, era un diario donde tenía como primera plana a los Rolling Stones. Corté por pedazos el diario y comencé a repartir la planta en porciones pequeñas, para luego envolverlas y fumarlas y así poder calmar con este gran dolor que tenía en el corazón.
Luego de diez minutos, el éxtasis comenzó a hacer efecto. Mi mente se dirigía a una que otra dimensión. Las cosas me parecían grandes y todo giraba a mi alrededor. Aumentaba la temperatura y no aguantaba ya seguir vistiendo pantalones. Con mi cuerpo descubierto, me fui a una esquina de mi habitación, me coloqué en posición fetal y crucé mis brazos fuertemente, como si abrazará a alguien querido después de años. La sensación de ver gente en mi habitación me hacía pensar que dos pastillas de éxtasis habían sido exceso, que mejor hubiera fumado marihuana. A lo mucho me podía parar y con la poca energía que tenía pude ir a mi cama para traer conmigo el retrato de ella.
A la mañana siguiente desperté cerca de las 11am, el día estaba soleado y el murmuro de la gente se escuchaba hasta el rincón donde me había quedado. Me levanté, tomé la sábana, la amarré a mi cintura, cogí un cigarro –no me había dado cuenta de que la marihuana estaba en el suelo-, lo encendí y me puse a observar la calle desde mi balcón como un rey que mira a su pueblo, así me sentí…
Despeinado y con la barba crecida, tomé un baño. Al entrar a la ducha sentí la sensación de que me iba a desplomar en cualquier momento, así que decidí ir a mi cama a descansar un momento. Tirado en la cama, cerca de 10 minutos, no podía conciliar el sueño y cada movimiento que realizaba me costaba hacerlo. Mi cuerpo aún estaba pesado y eso no era una buena señal para empezar el día.

No hay comentarios:
Publicar un comentario