jueves, 3 de marzo de 2011

Muerte

Muchas veces la muerte avisa, pero no te dice ni la hora ni el día. Al recibir la noticia, la persona se prepara para la más penosa ceremonia. A algunos les llega a tiempo y saben que deben de dejar en orden sus pendientes, despedirse de la mejor manera y ser paciente en lo que viene, pero a otros les llega de improviso.

La muerte de alguien puede ser el momento más doloroso, más trágico, pero para que el que acaba de partir no es así. Es diferente. Es totalmente diferente, ya que es un lapso en la cual la persona ya no sentirá dolor alguno pero sí sentirán pena, porque no podrán sentir lo que nosotros, los vivos, poseemos: un espíritu.

Los muertos no pueden hablar pero están ahí, al costado de un ser querido, ya sea familiar o amigo… No los podemos ver pero sí, nos pueden hacer gestos para buscar nuestra mirada, pero, lamentablemente, nosotros no los vemos. Pero hay un lugar en el cual ellos se pueden manifestar y ese lugar es el sueño.

Mientras dormimos podemos tener todo tipo de sueños, que en algunos acaban en pesadilla, pero si vemos bien los muertos se manifiestan en ellos. Usan ese comodín que tienen para presagiarnos un futuro acontecimiento o a veces para darnos ordenes que no nos pudieron dar mientras estaban vivos… Aunque hay un gran motivo que hace que se revelen es por el mucho que los extrañamos, lo mucho que queremos verlos de nuevo…

Por otro lado, la mayoría de personas piensan y creen que la muerte es la oscuridad y la vida la claridad, pues nadie sabe… Quizás la muerte es la siguiente fase que se llega después de la vida, una donde el dolor, las heridas desaparecen… donde todo es perpetuo y no limitado… donde los que se fueron quieren y esperan ansiosos de que los del otro lado (los vivos) vayan a su lugar a disfrutar con ellos la eternidad.

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