sábado, 9 de mayo de 2009

Estoy condenado a escribir sonseras, estupideces y melancolias. Todo lo que gira a mi alrededor se desequilibra, todo se cae precipitadamente como que de un momento a otro cambio de humor hasta algunas veces creo que me vuelvo loco. En estos días creo que la locura ha copado todo mi cerebro, hay arto por estudiar, leer -ese puede ser el problema, maybe- y no dejar de madrugar. Creo que ahora no pienso en diversión, más bien en futuro y progreso. Aveces quisiera desaparecer de todo este mundo lleno de letras y ser libre y gritar a los cuatro vientos que por fin me libere de aquella prisión llamada UPC, aquella que torturandome me vuelve esclavo de las lecturas que de niño detesté, pero con el saborsito de que los maestros que enseñan son un cague de risa. Es lo bueno de la vida universitaria, donde conviven la tortura y la alegría, donde van juntas de la mano. 

Mi vida privada ha cambiado demasiado desde que la pública amenaza colapsar, pues he dejado de vivir para la privacidad y dejar las puertas abiertas para la pública. Las cosas van bien por el momento, no me quejo aún de nada, se que todo llega a su debido momento y no hay apuro alguno. Aunque la ansiedad apaga mi ser cada día hasta debilitarlo por completo y que este deje de funcionar. Creo que aquellos días donde es diversión se alejan, no regresan ni regresarán por que mi cuerpo ahora tiene que pasar por una mega tortura llamada universidad.

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